In Memoriam 2026

A finales de los años noventa y comienzos de los dos mil, la Universidad de Nariño se erigió como un bastión del pensamiento crítico y la resistencia comunitaria en el suroccidente colombiano. Sin embargo, en medio del recrudecimiento del conflicto, el Bloque Libertadores del Sur de las Autodefensas Unidas de Colombia irrumpió en la región, convirtiendo al campus universitario en un objetivo prioritario de persecución y violencia sistemática. Mediante infiltraciones, señalamientos e inteligencia militar compartida, la voz del movimiento estudiantil y sindical intentó ser silenciada a sangre y fuego. En este Aniversario número 15 del Premio Nacional de Derechos Humanos, rendimos un tributo sagrado a la memoria viva de quienes entregaron su juventud, su saber y su vida por la dignidad de su pueblo.

Recordamos a Adriana Benítez,  estudiante de Economía y lideresa cívica, referente de la protesta social en Pasto, articuladora del foro contra el Plan Colombia y defensora  de los derechos de las madres comunitarias, asesinada el 14 de octubre de 2000. Junto a ella, abrazamos la memoria de Jairo Moncayo Pascuaza, estudiante de Sociología y cofundador del movimiento Radicales Libres, líder visionario que hizo del movimiento estudiantil la voz de los despojados, campesinos y excluidos del departamento de Nariño. Jairo fue asesinado el 18 de septiembre de 2003 en la ciudad de Pasto.

Honramos también a Martín Emilio Rodríguez. Padre de tres hijos, estudiante de Derecho y líder comunitario del municipio de El Rosario. Amante de la poesía y la guitarra su familia lo recuerda como un ser alegre. Desde las aulas universitarias defendió con vehemencia las luchas campesinas hasta su vil asesinato el 25 de abril del año 2000. Elevamos también la memoria de Libio Tito Hernández, trabajador universitario y sindicalista, cuya labor cotidiana en el campus encarnó la dignidad obrera y la solidaridad campesina en tiempos de terror paramilitar. Libio fue asesinado al interior de la Universidad de Nariño  el 16 de abril de 2002.

Finalmente, evocamos el legado de Marcos Salazar, valiente estudiante de ingeniería civil de la Universidad de Nariño e hijo del reconocido liderazgo social de Tumaco, su vida fue cegada por paramilitares el 17 de enero de 2002.

Sus nombres no son cifras atrapadas en el olvido; son simiente de justicia, verdad y libertad. En estos 15 años de caminar colectivo, el Premio Nacional de Derechos Humanos rinde este reconocimiento póstumo a su coraje transformador. Honramos su memoria junto a sus familias como un mecanismo de justicia simbólica, porque sus ideales caminan en cada aula y en la lucha del movimiento estudiantil que continúa: sus voces jamás serán calladas. Seguiremos entonando con fuerza “Viva la U”.

Diakonia, Act Iglesia Sueca y Suecia Sverige