Los defensores de derechos humanos: entre el olvido y la memoria

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Discurso de César Grajales, director Nacional del Programa Colombia de Diakonia en ceremonia del Premio Nacional a la Defensa de los DDHH en COlombia, 4 de septiembre de 2019.

La paz sigue siendo una aspiración de la sociedad colombiana, especialmente de las comunidades que sufren los rigores de las confrontaciones armadas y la violencia sociopolítica. La plena vigencia de los acuerdos de paz de 2016 entre las ex guerrillas de las FARC y el Estado son un compromiso ineludible para las partes y un escenario que requiere el apoyo de toda la sociedad colombiana y de la comunidad internacional.

Los hechos recientes que evidencian el retorno a la lucha armada de algunos ex combatientes, la persistencia de estructuras armadas ligadas al paramilitarismo, la continuidad del conflicto armado entre el ELN y el Estado, y la violencia que no cede contra líderes sociales y defensores(as) constituyen desafíos para la vigencia del Estado de Derecho y para la democracia.

Los defensores(as) siguen cumpliendo su trabajo en un contexto adverso de riesgos y amenazas inaceptable que cuestiona la eficacia del Estado para cumplir su deber de garantizar la vida e integridad personal de quienes cumplen la labor de defensa de los derechos fundamentales.

En este encuentro para hacer entrega de la Octava versión del Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos en Colombia,  queremos reconocer a través de tres reflexiones, la importancia del trabajo de las y los defensores para construir la paz.

El olvido:

La sociedad colombiana ha pasado diversos ciclos de violencia hundiendo en el olvido a las personas que fueron pisoteadas y arrancadas de la vida y de su entorno familiar y comunitario, mientras se fabrica una densa niebla que ampara a los que organizaron la barbarie. El mecanismo del olvido intencional ha sido exaltado en función de consolidar la paz y la concordia y consiste en saltar la página, no profundizar en la narrativa de los testigos, pactar la paz desde las cúpulas de los poderes enfrentados sin reparar a quienes unos y otros oprimieron con la violencia, incluso el método del olvido ha incluido la estrategia de promover reconciliaciones sin pasar por el reconocimiento de la verdad de lo acontecido.

El olvido amenaza con deshumanizarnos aún más porque desconoce el carácter incuestionable del dolor de todas las víctimas, niega los hechos porque el olvido instaura el vacío cuando nadie lleva el registro de lo que ocurrió. El olvido se hace cómplice de los criminales porque en su penumbra se duda de los hechos, se cuestiona si realmente ocurrieron crímenes tan aborrecibles, “tal vez nunca pasó” dirán algunos sintiendo el alivio de una realidad reconfigurada para que no perturben el bienestar y la consciencia tranquila de quienes no se sienten responsables de lo que aconteció.

La memoria:

Mientras el olvido lastima y promueve la violencia, la memoria repara a las personas y comunidades e instala la capacidad para romper con las historias de violencia. La memoria nombra a los que fueron arrasados y se les quiso borrar de la historia. Nombra a cada quien, hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y mayores, persona por persona sin dejar a nadie atrás.

La memoria revela la magnitud de lo que ocurrió, el tamaño del dolor y el alcance del sufrimiento, que llega incluso a las heridas que afectan a la vida entera, a la naturaleza, al territorio. La memoria también hace visibles a los que organizaron y ejecutaron la muerte y que en ocasiones hacen parte de círculos de poder y pretenden pasar intocables. La memoria con su capacidad de nombrar a los vencidos, recordar lo que pasó y develar responsabilidades, es por supuesto una experiencia humana considerada peligrosa e indeseable por quienes prefieren el silencio y la impunidad.

EL PAPEL DE LOS DEFENSORES(AS), EL OLVIDO Y LA MEMORIA:

Estamos hoy aquí reunidos para expresar un homenaje nacional a las y los defensores de derechos humanos. Los defensores(as) durante años acompañaron a las víctimas de violaciones de DDHH. Ellos(as) llevan el registro de lo que aconteció. Construyen y custodian una importante porción de la memoria de las regiones, del país.

Los defensores(as) reivindican la verdad. En medio de relatos diversos, algunas veces contradictorios, se empeñan en cimentar qué fue lo que ocurrió, cuál es el relato que honra los hechos y reconoce a las víctimas y su dignidad humana. De esta manera los defensores(as) siguen reclamando el fin de la impunidad para los hechos del pasado y del presente, de ahí lo incómodos que resultan en una sociedad que ha instaurado y permitido mecanismos de impunidad para los victimarios, evidentes en tanto la justicia no ha sido efectiva.

Los defensores(as) contribuyen a evitar que en el futuro los graves crímenes de DDHH e infracciones al DIH se repitan. Acudiendo a la memoria y buscando la paz hacen más viable la paz que han buscado y respaldado durante años. Los defensores(as) en su lucha contra el olvido son constructores de paz.

En estos últimos días en los que hemos recibido noticias desalentadoras para la consolidación de la paz, cuando algunos retornan a la guerra y hay dirigentes políticos que promueven la confrontación, hacemos un llamado a la esperanza. Colombia seguirá caminando hacia la paz, incluso desobedeciendo las imposiciones de los violentos. Con las manos abiertas para abrazar la vida, caminando entre sombras y luces, la violencia tendrá punto final.

Queridos finalistas de las tres categorías del Premio Nacional a la Defensa de los DDHH: En nombre de los otorgantes, Diakonia y ACT Iglesia Sueca, les expreso la más profunda felicitación por todo su trabajo, el respeto y reconocimiento por su valor, por construir memoria y rescatar la verdad como cimientos de la paz. Les animamos a mantener su trabajo con fortaleza, alegría y esperanza. Cuentan con nuestro respaldo y el de innumerables voces de Colombia y del mundo.

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